Tu blanca piel conquistada por las pecas,
invitan al libido de mis labios carmesí a posarse e izar bandera.
A proclamarse dueños inconfesables de tus líneas irregulares,
ésas, que limitan mi mundo y lo separan de la inexistencia,
como las fronteras imaginarias que separan la riqueza y la miseria de los pueblos.
La madurez, que bien te sienta,
hasta la deserción obligada de tu cabellera grisácea, se conjuga a tu favor.
Un caballero que refulge como el ave fénix, un osado, un centinela otoñal,
Ese eres tú.
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