Por más que intento recordar lo sencillo que es poseerla,
mi mente insiste en pintar con tintes de ideología la felicidad.
En soñar con futuro,
con algo que no tengo.
En ignorar lo hermoso del amanecer cada mañana,
o la suave brisa en el rostro.
Una taza de café en compañía,
o el mañana pintado en el rostro de un niño.
Un rojizo atardecer o lo bueno de tu amor.
Enséñame a redimirme… enséñame tu señor.
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